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Atardecer en la granja de camellos con niños

¿Cuántos años vive un camello? ¿Qué diferencia hay entre un camello y un dromedario? ¿Qué comen los camellos? ¿Cuánto tiempo pueden estar sin comer? ¿Cuánta agua pueden llegar a beber en una sola vez? ¿Dónde cuidan a los camellos de los Reyes Magos? … estas y muchas preguntas las podéis resolver en la Granja de Camellos – CAMELUS, de la mejor forma posible, en familia.

Parece mentira pero es verdad, en Almería tenemos una granja de camellos desde 2009. Ursula, una veterinaria alemana, enamorada de estos animales, se encarga de cuidarlos y de contarnos todo lo que sabe sobre ellos. Escuchar sus aventuras es muy divertido. Para conocer a los camellos y a Ursula, sólo tenéis que ir a Pechina, muy cerquita de Almería capital. La granja está abierta todo el año, los visitantes más frecuentes son los escolares y las familias. Los camellos que en ella habitan, son los que llevan a los Reyes Magos de Oriente en las cabalgatas, para sus majestades es más cómodo dejarlos con Ursula para que descansen y se repongan hasta la siguiente noche de Reyes, además así pueden estar más tiempo con los niños.

Admito que llevo mucho tiempo con ganas de ir a la granja, y que por una cosa u otra no lo había hecho, pero con la intención de que los peques hagan otras actividades, y teniendo en cuenta que este año los camellos no se han ido a Mójacar de aventuras. Nos hemos decidido, nos hemos ido a disfrutar de un atardecer en la granja de camellos.

Llegar allí es ya una aventura, pues tienes que moverte por varios caminos, pero para qué tenemos al Sr. Google Maps que todo lo encuentra. Cuando llegas, al principio te asombras, pues estas acostumbrado a ir una granja y encontrar animales, pero no camellos. Aunque aquí tienen unos recepcionistas únicos: las cabras Ramón y Justo y el gato cariñoso.

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Para acudir hay que reservar, para poder tener así los camellos preparados para el paseo, aviso que aquellos que peséis más de 80 kilos tenéis que ir sobre la joroba, como en Egipto (a mi me toco ir así y es más auténtico si cabe).

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Cuando llegamos a la granja, la comitiva estaba preparada para la aventura. Mientras Miloud trasladaba a los camellos hasta la Rambla cercana, donde se realiza el paseo, nosotros nos pusimos a cepillar a dos camellos “jubilados” que se dejaban cuidar la mar de contentos. Desde nuestra llegada Ursula empezó a contarnos cosas sobre los camellos, pero he de admitir que muchas no las escuché, estaba embelesada con los animales y con los niños, es alucinante ver como no tienen miedo y como les hablan bajito para que no se asusten. Ojalá que tarden mucho tiempo en perder esa inocencia que nos contagian y que hace que tu niño interior salga a gritos.

 

Gritos y canciones, las que se escuchaban por la Rambla una vez nos subimos en la caravana de camellos. Tras ubicarnos en ella en función del peso y la capacidad de cada camello (recordáis que os he dicho que aquellos que pesan más de 80 kilos van en la joroba no?), comenzaron unos 40 minutos llenos de diversión y pequeños descubrimientos… mamá que se ha hecho caca, mamá que se quiere comer mi gorra,….

 

La caravana estaba liderada por Indalo y sobre él nuestro papito aventurero, la cerraba Jacinto que llevaba al tito y en medio iba yo sobre Petete. Al final del trayecto nos sabíamos el nombre de todos los camellos y su apodo, así como sus aventuras, que evidentemente no os voy a desvelar, os toca descubrirlas 🙂

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Cuando terminamos el paseo, casi de forma espontanea, nos pusimos a darle de comer a los camellos arrancando la hierba que había en los alrededores, los niños fueron los que emprendieron esta iniciativa, estaban encantados con acercarse y mimar de esta forma a los camellos.

 

Nos costó irnos y eso que Ursula nos decía que en la granja les íbamos a dar de comer, menos mal que se llevó a los pequeños a ver los fósiles, con otras historias totalmente diferentes los cautivó. A partir de ese momento, los niños ya no querían separarse de ella, los mayores encantados.

 

De vuelta en la granja, nada más llegar nos dispusimos a organizar una fogata para preparar la cena, he de decir al respecto que ella nos ofreció la oportunidad de hacer una barbacoa o fogata, pero como nos va la aventura, elegimos la fogata.

 

Los atardeceres en la granja pueden durar lo que queráis, en nuestro caso, elegimos un atardecer lo más aventurero posible: cuidado de camellos, paseo en camello, fogata, cine, cena y búsqueda del tesoro. Tras prender el fuego, nos fuimos a la sala de cine a ver unos vídeos de camellos bailones y una pequeña presentación sobre los camellos, allí resolvimos dudas y supimos muchas curiosidades. Os garantizo que los niños se quedaron con todo, al día siguiente nos contaban todo lo que sabían sobre camellos.

Tras el cine, nos dimos un paseo por la granja, descubrimos a Vera, una camella con una joroba y media, que tiene unos antecesores muy disfrutones. También nos hablaron de una camella que pronto va a ser mamá… y de tantas historias, que os garantizo queréis conocer.

 

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Antes de cenar tocaba preparar una ensalada para Frasquito, un camello muy educado, al que le encanta sentarse a la mesa, todo un caballero. Los pequeños tuvieron que partir ramas y verduras para preparar la ensalada más vistosa, que Frasquito devoraba en segundos.

 

Cenar allí, rodeados de camellos y a la luz de la luna, fue un momento muy especial para niños y mayores, compartimos hamburguesas y salchichas a la vera del fuego, y aunque parezca mentira, ningún niño se acerco más de lo necesario al fuego, ni hubo ningún percance. Se adaptaron rápidamente al entorno.

Cuando creíamos que habíamos terminado, apareció Ursula y se llevó a todos los pequeños, incluso a Clara con sólo 2 años y medio, a buscar el tesoro de los camellos y el de los niños, en ese momento descubrí que también adora a los niños. Estuvieron casi una hora correteando por la granja a la luz de la luna, aunque en algún momento decían que tenían miedo, ninguno abandonó la aventura.

Mientras ellos disfrutaban de la búsqueda, los mayores tuvimos un regalo inesperado, unos minutos de tranquilidad para conversar sobre niños eso sí, pero con la única responsabilidad de disfrutar el momento. Gracias por este pequeño descanso Ursula.

La aventura iba llegando a su fin, tras recoger todo un poco, y con el tesoro de los camellos: un saco de pan y el de los niños, chucherías, nos dispusimos a hacer la última actividad del día, premiarlos con su comida favorita: el pan.

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Los niños no querían irse de la granja, pero estaban tan cansados, que al final los convencimos. Eso sí, el camino de vuelta lo dedicaron en gran parte a hablar de los camellos y de su vida en la granja, y de la monitora que quiere mucho a los camellos. Ese día algo de nuestros pequeños se quedó en la granja, quizás el miedo a los camellos y a la oscuridad, pero también se llevaron una experiencia que tanto ellos como nosotros tardaremos en olvidar. Es más, ya hemos decidido que en octubre volvemos!!

Aquellos que querías vivir esta aventura (puede ser por la mañana o por la tarde), contactad con Ursula, tenéis toda la información en la web o en facebook. Lo que si os aconsejo es que la aprovechéis al máximo, hay actividades para familias y para adultos, y que os dejéis llevar, ya sabéis que la vida es una aventura!!

#NoOlvidesTuCantimplora que la vida es una #Aventura

@cabraluz

 

 

 

 

 

 

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